El Muro que se extiende
Celebran, los señores y sus siervos, la fecha de una traición. Cuando Gorby y Reagan firmaron un tratado de desarme y cooperación que debía suponer el fin de la guerra fría y que el destino de aquel 30 y tantos % de los presupuestos nacionales dedicados a la inversión bélica pudieran destinarse a solventar los infinitos desafíos para la supervivencia de los pueblos. Debían abrirse las fronteras, de palo, de espino o de cemento, para la libre circulación de los ciudadanos, miembros de la gran familia humana, ¡pero sólo se abrieron para el capital!
Una vez más, sólo fue una trampa. A Gorbachov le desterró su delfín, el oso borracho e inmoral que regaló Rusia a los nuevos amigos de Washington, bombardeando la Duma ante el aplauso y manipulación de los hechos que, hasta hoy, debemos seguir soportando.
Pero la evidencia es clara. No hay más paz. El capitalismo alcanzó y sobrepasó su cénit de cinismo inmoral, multiplicando las fronteras y los muros, convirtiendo a los paises expoliadores en b…
Una vez más, sólo fue una trampa. A Gorbachov le desterró su delfín, el oso borracho e inmoral que regaló Rusia a los nuevos amigos de Washington, bombardeando la Duma ante el aplauso y manipulación de los hechos que, hasta hoy, debemos seguir soportando.
Pero la evidencia es clara. No hay más paz. El capitalismo alcanzó y sobrepasó su cénit de cinismo inmoral, multiplicando las fronteras y los muros, convirtiendo a los paises expoliadores en b…