La Casa Europa
Blog de C.A.G.
Del imperio y sus jerarquías: Dioses, reyes y sátrapas

A mucha gente normal le cuesta entender quien domina -del latín domine: señor-, es decir, quien impera (imperare: mandar) en el mundo "global" que se está yendo a pique bajo el gobierno de sus títeres.¿Quien es hoy la cabeza del imperio? ¿El Rey de Reyes? -Xsayaziya Xsayaziyanam, como los Haxamaniyas o Aqueménidas-.
A estas alturas de los imperios confrontados sus sátrapas y monarcas tienen claro que la guerra es una guerra de clases, y que su clase ha de estar bien unida pese a todo. Así la cabeza invisible es Dios-Alá-Ieuá-Budha: La idea de la jerarquía divina y su orden terrenal establecido desde aquellas cimas del Tangri o Dyaus Pita (Cielo protector) de nuestros abuelos neolíticos.


De ahí abajo, cada quien en su territorio y mano dura en todos ellos. Cuando uno decae, los otros le aupan. Cuando el enemigo es frágil o el aliado inútil, se le elimina. Y se narran historias, ya viejas, sobadas y repetidas, con el mismo guión para que los mismos bobos lo aplaudan, desde su silla de pago en el cine.

Porque algo tienen en común todas las religiones "del libro": Su origen fraudulento en textos copiados y plagiados de las culturas mesopotámicas e iranias y de las sectas gnósticas y maniqueas. Un potaje indigerible cuando se analizan las obvias y manifiestas falsedades históricas, anacronismos y manipulaciones de todo tipo en sus principios, textos y afirmaciones. En cada una de ellas y en todas.
Pero todas ellas generan una sociedad similar, donde unos poquísimos son bien educados e informados y la inmensa mayoría es educastrada en aras de una moral hipócrita, caduca y ajena a la ciencia, la filosofía, el conocimiento y la razón. Generaciones de creyentes, maleducados, ignorantes, sumisos y manipulables. Los suficientes para dar un aspecto de legalidad a la farsa electoral de las "democracias" oligárquicas de escaparate.
Sólo con el "apoyo" de los creyentes y el nunca bien ponderado de las fuerzas del orden privado, puesto que sólo sirven a sus privilegiadas señorías y a la voz de ar, aunque las pague como todo el público pueblo, se sobran para esquiar en la cima del pastel, en sus níveas cimas o en sus pistas de hielo a rez de chausée, como les venga en gana.




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