La Casa Europa

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Cataluña: ¿Un gobierno nacional? Y 3 preguntas para un referéndum


El director del Triangle, Jaume Reixac, con su agudeza habitual, puso sobre la mesa una alianza tri o cuatripartita -PSC-ERC-ICV-EUiA i/o CUP- en un gobierno exclusivamente centrado en resolver el desastre neoliberal sobre los presupuestos y la convocatoria de un referéndum previo a la declaración o no de Independencia. Hoy Joan Ridao, peso considerable en ERC de profundo razonamiento, aboga por algo parecido, incluyendo a CiU pero descartando las CUP -competencia directa por la izquierda al discurso de boquilla de ERC, que ni es E, ni R a la hora de repartirse el pastel de C-.

Herrera, entre otras voces de ICV-EUiA, clama también por un gobierno amplio que pueda plantear soluciones sólidas, pero con la cuestión de los recortes en reñida oposición con las condescendencias de ERC y la cerrazón patronal de CiU y PP, siempre mirando por la clientela que les financia.

Y es que, sin duda y de cara al franquismo españolista, CiU, ERC, PSC, ICV-EUiA i CUP, con un acuerdo cerrado y firmado, supondrían un puño sólido y temible para Rajoy y la Falange Española (FAES).

Y a Mas, aunque no le guste, debería decidir entre volver a los brazos de Alicia, la "estrangera de Almendralejo", o quedarse sólo y tirado, en una CiU que hace aguas por dentro y por fuera, con un Duran desesperado porque se tendrá que jubilar algún dia no muy lejano ya sin haber sido más que un cacique provinciano, embustero redomado y colocador de vicepresidentas sin título.

Y ese acuerdo tiene unos mínimos intocables, para ser creible:

Elaborar la nueva Ley electoral, que deje de regalar a los terratenientes de PP y CiU los votos que les permiten mayorías fraudulentas, fruto de una ley franquista, falsa y tramposa.

Pero se alcance o no, que dependerá de ERC a la postre pues, si llegare el caso, PSC no podría volver a traicionarse a sí mismo, la cuestión es que ese gobierno que salga -el que sea- debería tener también otro objetivo claro: cambiar la política neoliberal y dar marcha atrás a todos los regalos que en este año ha hecho Mas a la oligarquía, desde el impuesto de sucesiones de millonarios retirado hasta el de sociedades y el IRPF o los aumentos de los peajes, y volver hacia una política de redistribución y equitativa.

Y encarar el susodicho referéndum, aterrador para aquellos que oyen al pueblo como quien escucha el clamor de las guillotinas decapitando coronas de ladrones y criminales. Con tres preguntas al menos, que aquí los tontos ya hace tiempo que votan lo que le pone la monja o el facha de turno que toca y los demás sabemos leer hasta una página sin marearnos, a diferencia de los que gobiernan.

Las preguntas son orientativas de por donde debería ir -a nuestro entender- el debate. Las comas y sinónimos o antónimos a su criterio o al de los catedráticos.

1ª: ¿Qué sistema de gobierno quiere, Monarquía o República?

2ª: ¿Desea la Independencia para su comunidad al margen de lo que las demás decidan?

3ª: ¿Desea que el derecho a la autodeterminación sea constitucional y que una mayoría del Parlamento -regional o estatal- pueda convocarlo cuando supere un 60% de los diputados de aquella cámara que lo solicite?

A partir de estos datos recogidos democráticamente, como debería ser normal en cualquier régimen que de verdad lo fuera, las cosas quedarían mucho más lúcidas para todos. Y es obvio que el referendum -aunque sus resultados llevaren a caminos distintos a cada uno y a todos- se debería realizar, de una puñetera vez y como una nueva Ley electoral, a nivel de todas las comunidades. Y, si hay que dar ejemplo en Catalunya -o en Euskal Herria- que el ejemplo lo sea, en lo democrático, y no en otra farándula nazionalcatólica y comedia de l'arte con las que Mas-Pujol-CiU-PP ya nos tienen aburridos, y aún menos con el apoyo de ERC. Ni en la sombra.



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