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Aquellos que estén contra China, pueden contar con la ayuda de EEUU


Dmitri Kósirev, RIA Novosti: Mientras que la prensa de todo el mundo fija su atención en las convulsiones políticas centrada en Oriente Próximo y la subida de los precios del petróleo, no dejan de ocurrir acontecimientos de importancia todavía más considerable y consecuencias casi cruciales a largo plazo, como el caso del conflicto entre Tailandia y Camboya, debatido pasado lunes por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Una paz impuesta a la fuerza

Las sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU suelen celebrarse a puertas cerradas y ser resumidas para el público en frases evidentes pero significantes. Esta vez se puede resumir el resultado así: el Consejo de Seguridad exhortó Tailandia y Camboya pactar un alto al fuego permanente.

Cabe explicar que no fue fácil convencer al ministro tailandés de Asuntos Exteriores, Kasit Pirom, participar en la sesión porque ante las reclamaciones de Camboya, su país tuvo que dar explicaciones al Consejo de Seguridad. Después de la sesión, Kasit Pirom dio a entender a los periodistas que preferiría resolver el problema sin mediadores. Pero esa variante ya no es posible.

He aquí los antecedentes. Los países resultaron al borde de un conflicto bélico después del enfrentamiento que ocasionó 8 muertos y 15.000 refugiados en torno a un territorio en la zona fronteriza. Este territorio, de 4.5 km2, no demarcado, es importante porque allí se encuentra el templo del siglo XI, Preah Vihear, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Según todas las guías turísticas y un veredicto del Tribunal Internacional de la Haya, el templo pertenece a Camboya, pero Tailandia reclama los territorios alrededor del templo.

En 2008 la fracción radical de la unión popular por democracia salió del partido (léase, del gobierno) e inició la intervención en el territorio del templo para provocar a los camboyanos a que les arrestaran. De esta manera intentaron incentivar los ánimos patrióticos, mostrándose listos a luchar por cualquier parte de su territorio.

Pero en realidad la pertenencia del templo es cuestionable. En el siglo XI, cuando los reyes camboyanos erigieron Preah Vihear, Tailandia como un estado independiente todavía no existía. Parece que no queda lugar a disputas. Sí, la frontera no está delimitada, pero son muchas las fronteras así en todas partes del mundo, y no todas son disputadas mediante tiroteos.

Es curioso que los guardafronteras camboyanos, al recibir la orden de abrir el fuego, primero avisaran a sus esposas que vivían en el pueblo cercano, (pueblo tailandés, a propósito) y tardaron una media hora en disparar para que se alejaran lo suficiente. De este ejemplo, se puede sacar conclusiones sobre las relaciones reales entre los dos pueblos.

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Dispuestos a ayudar

También se puede reconstruir una cadena de hechos muy curiosa, desde el carácter del gobierno tailandés hasta la nueva estrategia militar estadounidense.

Tailandia desde hace años afronta una crisis en la cual están involucrados varios gobiernos, círculos militares y la corte real. En primavera tendrán lugar elecciones en las cuales el actual gobierno puede perder. Las elecciones las suelen ganar los partidarios de Thakson Shinawatra, ex Primer Ministro derrocado el 19 de septiembre de 2006. Por eso el actual gobierno no se atreve a hacer frente a los que le provocan y, al contrario, les acatan en todo, hasta iniciar un conflicto militar con los vecinos. Así es la situación interior de Tailandia.

Al mismo tiempo, el mencionado ministro de Asuntos Exteriores, Kasit Pirom, hace unas dos semanas explicó a sus parlamentarios la situación de la siguiente forma: “A Camboya la apoyan Rusia, India y China, pero nosotros no debemos olvidar que tenemos un amigo verdadero, que es EEUU.”

A primera vista, parece un absurdo: en Moscú, por ejemplo, pocos son los que se tengan idea alguna sobre el templo de Preah Vihear. Pero hay cierta lógica en sus palabras. Se trata del deseo de diferentes partes interesadas de volver la región asiática a la situación de la Segunda Guerra Indochina.

El otro día fue publicada una nueva versión de la estrategia militar nacional de EEUU, centrada especialmente en China, cuyo crecimiento de fuerzas constituye una amenaza potencial a la seguridad en la región, a la luz de lo cual EEUU “expresa su deseo de y disposición a prestar ayuda a sus aliados para contrarrestar cualquier amenaza al existente sistema de relaciones internacionales económicas.”

Ya no cabe duda ninguna que el deseo de la Administración de Barack Obama de volver a Asia radica precisamente en “prestar apoyo” a todos los que estén reacios al fortalecimiento de China. “Quien no está con China, está con nosotros”, éste es su principio.

Inmediatamente, en toda Asia oriental empezaron a resurgir las disputas territoriales olvidadas, como las que existen entre Japón y China en torno a las islas Senkaku. No será casual la intransigencia de Japón acerca de las islas Kuriles precisamente ahora.

Se suma a esto la reacción de la Secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, a las disputas territoriales en el Mar de China Meridional quien también dio a entender que los que quieran, pueden contar con ayuda de EEUU. Es interesante que hasta aquel momento China se portara de manera bastante tolerante en lo que al mar se refería. Y todos se sentían bien, como en aquel pueblo donde viven las esposas de los guardafronteras camboyanos.

Tailandia no tiene fronteras con China. Pero el gobierno tailandés se acerca a la situación de los 70, cuando tras la frontera del país empezaba la zona de influencia china (y soviética), pero Tailandia recibía buena compensación de EEUU.

No importa que sea un disparo al azar hecho por el gobierno al borde del fracaso. Lo importante es la lógica de resistencia al crecimiento de China pueda acarrear las consecuencias tan nefastas que lo de Oriente Próximo caerá bien pronto en el olvido.

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