La Casa Europa

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La tortura gratis, los tartazos 6 años: Sobre autoridades sin vergüenza y plebeyos insolentes


En una democracia todos los ciudadanos son iguales ante la ley, lo que se  denomina Isotemía. En España hay aún necios y sinvergüenzas que hablan  de democracia. Una sola muestra. Mientras fascistas con porra agreden y  detienen a niñ@s y adolescentes que pasan frio en Valencia y osan quejarse y reclamar a la banda de mafiosos que la gobiernan y la prean:

El juez de la AN (el TOP de Franco pasado por el túrmix de la transición modélica de plastilina azul fascio subido) Santiago Pedraz ha imputado a Mikel Álvarez Forcada por el lanzamiento de tres tartas el pasado 27 de octubre en Toulouse a Yolanda Barcina, hechos por los que otras tres personas ya están acusadas de "atentado a la autoridad".

Hasta ahora, estaban imputados los miembros de la plataforma contra la  construcción del Tren de Alta Velocidad Mugitu! Ibon García Garrido, de  32 años; Julio Martín Villanueva, de 53, y Gorka Ovejero, de 38, por un "delito contra la autoridad" penado con entre 4 y 6 años de cárcel y
multa de seis a doce meses al tratarse de un "miembro del Consejo de  Gobierno de una comunidad autónoma".

6 años de carcel por un tartazo a una "autoridad" en el arte del mangoneo, la desvergüenza, la corrupción y las artes fascistas. Toma ya democracia Rockefeller!

Albert Ordóñez, es un estudiante de grado medio de integración social  que a sus veintipocos años compatibiliza sus estudios con la dirección  de la federación valenciana de estudiantes de enseñanzas medias (Faavem). El jueves pasado —el segundo día de refriegas y cargas  policiales contra los estudiantes del instituto público Lluís Vives de  Valencia por la detención el día anterior de un alumno menor de edad—  entró en galeras detenido y esposado a las 2.10 de la tarde y salió el  viernes a las 10.30 de la noche. “Pasé treinta horas en el calabozo”,  denuncia.

“Cuando me detuvieron me dieron tres o cuatro  puñetazos en la boca”, relata, minutos antes de la concentración del  lunes en el Lluís Vives, que ha derivado en el cuarto día de cargas policiales contra los estudiantes.

A partir de ahí todo fue  confusión, aislamiento y ocho estudiantes detenidos en la misma celda.  Los dos menores salieron esa noche. “No nos dieron ni de beber”. Por la mañana, les ofrecieron zumo de melocotón y galletas. “Soy alérgico al melocotón y pedí agua”. La respuesta de los agentes que tajante: ‘Esto no es un hotel’. “No podíamos ni ir al baño”.

Albert y los  otros nueve detenidos están acusados de “resistencia y desobediencia a  la autoridad” y también de “atentado”. Su único atentado ha sido  protestar y protestar y protestar contra el decreto de ecortes en la enseñanza y la función pública aprobado por el Gobierno autonómico de Alberto Fabra en enero.

Cuando lo detuvieron en la calle de  Xàtiva, frente al instituto, lo jalonaron de los brazos y lo empujaron. “Para no caerme, cogí al policía de la cadera y del brazo y ahora, además, me acusan de hurto por cogerle la gorra al agente cuando me estaba cayendo”. Albert salió “esposado” hacia el hospital Peset Aleixandre, custodiado con dos policías a quienes “no vi el rostro porque llevaban máscaras”.

Como el carnaval cortesano secular español, un baile de máscaras en una corte de hipócritas.



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