La Casa Europa

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Dos mundos en guerra


Cuando en Olimpia se iniciaban los Juegos en honor de la Diosa Madre Gaya o Gea (La Tierra), en toda la hélade se proclamaba una paz obligatoria y sagrada que perduraba mientras se desarrollaban los días festivos para todos los pueblos griegos: carios, aqueos, jonios, dorios, arcadios, lacedemonios, espartanos...

Hoy en la capital del imperio británico se inaugura una farsa, cortina de humo -COI: Congreso de Oligarcas Internacionales- en que los miembros de las élites, y no los mejor preparados de cada nación, se congregan en una fiesta de la clase aristocrática. La que manda en esos chiringuitos denominados "democracias occidentales" por su publicidad.

Paga la larga orgía una población europea pauperizada por la política neoliberal que dicta -desde que les gobernó la baronesa Thatcher dictatorialmente- La City económica neoliberal y -en la Gran Britania- por los millonarios dispendios de hogaño en festejar una monarca que lleva 60 años expoliando y esclavizando el mundo, no sólo a sus súbditos, y una familia que lleva en el oficio de la tiranía casi un milenio.

Fué la banca conchabada entorno a la City la que organizó cada uno de los pasos que nos ha llevado hasta la situación actual, que tantas autoridades comedidas y moderadas ya no dudan en calificar de golpe de estado contra la democracia, si es que alguna vez la hubo -como pone muy en duda la propia historia y no la prensa de sus majestades- en la Europa de los escaparates de neón, la burda propaganda llamada prensa libre, el clientelismo como ideología y la corrupción institucional crónicas y endémicas en el capitalismo.

Hemos publicado decenas de veces sus nombres y apellidos, biografías, para quien trabajan y donde, lo que hicieron y, con años de antelación -ahí están los blogs y Sírius- lo que ha sucedido y lo que pretenden que suceda en lo sucesivo.

Quienes tienen los medios -partidos políticos incluidos- para hacer ese trabajo, no lo han hecho. Tampoco lo hacen ni siquiera ahora. Van a remolque de los acontecimientos, tragándose los brindis al sol -pactos fiscales imposibles con las leyes vigentes que ellos acatan- y las encerronas en que una ultraderecha bien organizada -desde la CNN y la BBC hasta La Vanguardia o El Punt- les vende y coloca una y otra vez. Y no aprenden. Ni atienden a pruebas, argumentos, hechos ni razones.

Prosiguen en la senda de lo permitido, por el mismo enemigo que juega siempre sucio, vallada cada día más estrechamente por una legislación ya propia de un estado policial y fascista y que ya ha aplicado retiradamente la represión y la coacción contra manifestaciones democráticas en todo el Estado. Pero se empecinan en su autismo, en sus círculos de adeptos, en los mismos personajes que erraron durante décadas, año tras año, en sus pronósticos, sus alianzas, sus pactos, sus estrategias y sus proyectos ajenos a la realidad, fruto de la virtualidad hipócrita establecida en unos pasillos donde la falsa cortesía impide -o coarta- decir la verdad, ni siquiera conocerla. Y menos luchar por esa desconocida.

Porque, al postre, esa verdad, ese pueblo, sufren las consecuencias de aquella ineptitud y arrogancias, de las ambiciones personales y feria de vanidades en que se desarrolla lo político, la res publica, muy por encima de la ética, mucho más allá de la ideología y siempre de espaldas a la verdad, al pueblo.

Así se fraguan las derrotas y así hemos llegado hasta aquí. Y nada, en nuestro entorno, augura siquiera un esbozo de luz en un plazo cercano. Pues sus propios "mercados" deducen en sus índices las pérdidas futuras cada vez en un plazo más amplio, infiriendo que las políticas que aplica el neoliberalismo imperial anglo, germano y holandés (los dueños del capital en su Europa) sobre los PIGS nazionalcatólicos y ortodoxos -el corral de los creyentes corderos- sólo empeorará hasta la quiebra total su ya arruinada y saqueada situación.

Entonces comprarán a saldo lo que aún quede de valor.

Ni soberanía, ni democracia, ni honor ni dignidad podrán comprar en España: nunca dieron señales de vida sin que fueran rápidamente ejecutadas y silenciadas.  Hoy son sólo un recuerdo literario entre heterodoxos. Los demás se fueron.




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