La Casa Europa

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1939: Aquel pacto Molotov-Ribbentrop





A 70 años del pacto Ribbentrop-Molotov "Gracias a ese acuerdo la Unión Soviética consiguió vencer al fascismo"
El Presidente del CC del PCFR, Guennadi Ziuganov, respondió a las preguntas del semanario “Rossia” y de la revista “Politicheskii klass”, en relación con el 70 aniversario del pacto Molotov-Ribbentrop.
1. ¿Cómo valora Usted personalmente el pacto Molotov-Ribbentrop y el protocolo secreto anexo?

Considero que Stalin tomó la genial y única decisión posible, en aquellas condiciones históricas, sobre la firma del acuerdo de no agresión entre la URSS y Alemania, que ahora denominan pacto Molotov-Ribbentrop.
Este paso sin precedentes fue adoptado después de que la URSS no pudiese ponerse de acuerdo con las “democracias” occidentales para frenar a la Alemania fascista.
Los archivos documentales, hechos públicos recientemente, confirman nuevamente que era la única decisión correcta para nuestro país, en unas condiciones en que Occidente alentaba a la maquinaria militar hitleriana para avanzar hacia la URSS, y nuestro país necesitaba todavía, como el aire, unos años más de respiro en paz, para poder resolver las tareas impostergables de refuerzo de la capacidad defensiva.

Las decisiones en política pasan por la capacidad para la previsión estratégica. La decisión de firmar el acuerdo permitió desplazar 300 kilómetros nuestra frontera occidental. Si la Gran Guerra Patria hubiera comenzado desde la frontera estonia -donde hoy marcan la pauta los seguidores de las SS- a los fascistas solo les hubiera hecho falta recorrer 140 kilómetros para alcanzar Leningrado.
Les recuerdo, que el ejército alemán en los primeros meses de la guerra, avanzaba a una velocidad de 34 kilómetros al día. En cinco días se hubieran plantado a las puertas de Leningrado, sin que el lago Ladoga hubiese servido entonces de ayuda.
Si la guerra hubiera comenzado desde la frontera de Lituania, a 600 kilómetros en línea recta hasta Moscú, en el camino no hubiera estado ni la fortaleza de Brest, ni Minsk, ni Smolensk, ni Yelnya, donde nació nuestra guardia.
Al alcanzar el acuerdo, Stalin ganó la batalla por el espacio y el tiempo, convirtiéndose en una de las garantías de nuestra futura gran victoria en 1945.
De no ser por el pacto Molotov-Ribbentrop, Japón hubiera entrado en guerra contra nosotros y no hubiéramos podido dislocar de Siberia las cinco o seis divisiones que salvaron Moscú.
Turquía hubiera también posiblemente abierto su frente en el Cáucaso. Ese es el sentido geopolítico de aquella decisión geoestratégica adoptada en agosto de 1939.

La sabiduría del político es una gran cosa. Quiero subrayar, otra vez, que la decisión de cerrar el pacto es una de las geniales decisiones tomadas entonces, por lo que no es casual que hoy día la recuerden todos los enemigos de Rusia y de nuestro pueblo.

Lo mencionan incluso aquellos –y esto no deja de sorprenderme - que comprenden claramente que, si el fascismo se hubiese salido con la suya, hubieran rodeado toda Europa de alambradas, exterminando a pueblos enteros.

1. ¿Qué opinión le merece la decisión del Congreso de diputados populares de la URSS, con fecha 24 de febrero de 1989, en la que se invalidaba y condenaba el pacto Molotov-Ribbentrop?

Los servicios de contrainteligencia exterior soviéticos, consiguieron -en más de una ocasión-pruebas documentales de que, hace cerca de 40 años, los Estados Unidos y una serie de países de la OTAN se fijaron -y vienen desde entonces poniendo en práctica- una tarea en la que han tenido bastante éxito: conseguir por todos los medios el reconocimiento de la Unión Soviética como estado agresor, auténtico impulsor de que se desatase la Segunda Guerra Mundial o, cuando menos, cómplice activo de Hitler en la realización de sus aspiraciones y planes expansionistas en Europa y el mundo.

Esto explicaría la reanimación de turno de la campaña antirrusa en relación con el 70 aniversario del pacto Molotov-Ribbentrop, en particular la reciente y tristemente célebre resolución de la asamblea parlamentaria de la OSCE: “Reunificación de la Europa dividida: violación de los derechos humanos y las libertades civiles en la región de la OSCE en el siglo XXI”.
Es especialmente sacrílego el punto décimo de dicha resolución. Conminando a declarar el 23 de agosto, es decir, el día de la firma hace 70 años del pacto Molotov-Ribbentrop, día en memoria de las víctimas del estalinismo y el nazismo, la OSCE en la práctica declara a Alemania y la URSS responsables en el mismo grado por el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

No sólo el PCFR, sino cerca de 70 partidos comunistas y obreros de todo el mundo han condenado esta resolución de la asamblea parlamentaria de la OSCE. El PCFR ya ha señalado en más de una ocasión que a finales de los 80 en la URSS, en concreto en el segundo Congreso de diputados populares de la URSS y posteriormente en la Federación Rusa, se dieron valoraciones oficiales al pacto germano- soviético, dictadas en gran medida por la conveniencia coyuntural y el deseo de agradar a los socios occidentales.

¿No se necesitaría hoy, especialmente a la luz del revuelo montado en torno al 70 aniversario del pacto, que a nivel oficial los responsables políticos de primer orden diesen otra valoración de este acontecimiento histórico?

Contrariamente a lo gritos de Occidente y sus aduladores rusos, el acuerdo de no agresión entre la URSS y Alemania no sólo no tuvo un carácter “amoral” o “criminal”, sino que estaba en correspondencia total con las normas del derecho internacional y con las prácticas habituales de la comunidad internacional y de las propias potencias occidentales.

Ha llegado el momento de dar a este documento una valoración justa, que parta de las condiciones históricas de aquel tiempo y de los intereses supremos de la seguridad de nuestro país. Es hora de volver a reconocer los auténticos valores de nuestra política exterior de estado.

Comprendo que no habrá argumento, por convincente que sea, capaz de detener a los que odian a nuestro país. Imagino, que ellos mismos conocen mejor que nosotros lo infundadas de sus conclusiones y de sus llamamientos a Rusia para que se “arrepienta” públicamente. A fin de cuentas no es a Rusia a quien deben llamar a arrepentirse públicamente. Más bien, habría que declarar “día de la memoria” el 29 y 30 de septiembre, dos días en los que fueron concretados y firmados los acuerdos de Múnich de 1938.

Es perfectamente razonable declarar responsables, en igual medida, del comienzo de la Segunda Guerra Mundial tanto a los países cuyos líderes firmaron esos acuerdos -Inglaterra, Alemania, Francia, Italia- como a Hungría y Polonia, que tomaron parte activa en el reparto de Checoslovaquia.

Cabe recordar que, aparte de Checoslovaquia, convertida en víctima de la agresión húngaro- polaco-germana, en agosto del 39, ya se habían convertido en víctimas de la agresión hitleriana países como Austria, Albania y Lituania.

Tampoco olvidemos que ya para entonces, en España, Portugal, Italia, Rumania, Hungría, Eslovaquia, y Bulgaria existían regímenes fascistas, aliados de Hitler. Poco después, una gran parte de los países de Europa, desde Francia hasta Noruega habían capitulado ante Alemania.

¿Qué derecho tienen hoy estos y otros países europeos para reprochar a la URSS el acuerdo con Alemania, si todos ellos, en esas fechas o un poco más tarde en 1939- 41, se habían puesto ya del lado del Reich?

Hay que decir que la Federación Rusa no posee territorios anexionados a la Unión Soviética como resultado del “acuerdo criminal entre los dos dictadores”.

Y si los dirigentes de las Repúblicas Bálticas, Ucrania, Moldavia y Bielorrusia terminan por considerar necesario y posible entrar en ese resbaladizo camino del “arrepentimiento”, conducente a ninguna parte, se verán obligados, cuando menos, a reconocer su responsabilidad ante sus pueblos.

El PCFR considera que es hora de poner el punto final a esta misteriosa historia de los protocolos secretos. Si realmente existen, el Presidente y el gobierno deberían hacerlos públicos en correspondencia con la ley que regula la publicación de documentos relacionados con la política exterior del estado ruso. Deberán asumir la responsabilidad total por ese paso.

Teniendo en cuenta, que a día de hoy, siguen creciendo las dudas fundadas en torno a los protocolos secretos anexos al acuerdo, habría que reclamar la autoridad de los diputados del parlamento ruso y la experiencia de especialistas políticamente independientes, respetables, de diferentes ámbitos, para determinar la autenticidad de los materiales declarados secretos y aclarar todos los condicionantes relacionados con su salida a la luz.

El PCFR llama a la Duma de la Federación Rusa a adoptar en una de sus sesiones, las decisiones que corrijan las valoraciones del segundo Congreso de diputados de la URSS, y que permitan poner fin de una vez por todas a la falsificación de nuestra historia en un tema tan importante.

Texto original en ruso: http://kprf.ru/international/70080.html


El papel del pacto Mólotov-Ribbentrop en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial se exagera

Moscú, 19 de agosto, RIA Novosti. No fue el pacto Mólotov-Ribbentrop que provocó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, su importancia se exagera, afirmó hoy el profesor Rolf-Dieter Müller, del Instituto de Historia Militar del Bundeswehr (Fuerzas Armadas de Alemania), en conferencia interactiva Moscú-Berlín-Riga organizada por RIA Novosti.

Hace 70 años, el 23 de agosto de 1939, la Unión Soviética y Alemania concertaron el tratado de no agresión, al pie del cual pusieron las firmas sus cancilleres Viacheslav Mólotov y Joachim von Ribbentrop. Junto con el tratado se firmó un protocolo secreto sobre la delimitación de las esferas de influencia en Europa del Este y del Sudeste.

"¿Llevó ese pacto a la guerra? En los debates sobre lo pactado entre Hitler y Stalin, de que somos testigos los últimos años, el papel de ese documento se sobreestima, por lo menos en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial", dijo.

Según Müller, el pacto no provocó el comienzo de la guerra, pero sí le facilitó a Hitler la toma de decisión de desatarla.

"Hitler quería guerra, pero tenía dudas (...). Tomó la decisión de comenzarla, cuando comprendió que las potencias occidentales no apoyarían a Polonia, a la que pensaba agredir la primera", señaló el profesor, subrayando que la decisión de desatar la guerra no se tomó en Moscú sino en Berlín.

El académico ruso Alexandr Chubarián, director del Instituto de Historia Universal de la Academia de Ciencias de Rusia, a su vez expresó la opinión de que el pacto Mólotov-Ribbentrop fue una manifestación del egoísmo de la URSS, Inglaterra y Francia y de la subestimación por estos Estados del peligro nazi tanto para sus propios pueblos como para el mundo entero.

"El interés nacional egoísta impidió la toma de unas decisiones coordinadas", dijo el académico, señalando que el egoísmo y el cinismo deben eliminarse de las relaciones internacionales contemporáneas.



Estonia y Letonia pactaron con Ribbentrop antes que Rusia.
Komsomolskaya Pravda

El historiador ruso Alexander Diukov, entrevistado por el diario Komsomolskaya Pravda, sugiere "no demonizar el pacto Ribbentrop-Mólotov, cuyo 70 aniversario se conmemora el próximo domingo", y recuerda que "Estonia y Letonia firmaron tratados de no agresión con la Alemania nazi antes que la URSS".

"Letonia y Estonia rehusan hablar de los pactos de no agresión que suscribieron con Alemania el 7 de junio de 1939", señala Diukin.
Otros asuntos que prefieren silenciar, según él, son "intensos contactos que sus servicios secretos mantuvieron con las estructuras militares nazis antes y después de tal suscripción", así como la deportación de polacos y judíos hacia el interior de Lituania a finales de 1939 y a principios de 1940, después de que la región de Vilna pasó a formar parte del Estado lituano.

El historiador resalta que el pacto Ribbentrop-Mólotov "frenó por un tiempo la expansión nazi hacia el Este", en particular, hacia las naciones del Báltico. También hace hincapié en que la Rusia contemporánea no figura entre los países beneficiados por aquel documento y sus anexos secretos: "Son las actuales Lituania, Bielorrusia, Ucrania y Moldavia las que aprovechan las adquisiciones territoriales de la ex URSS".


Hace 70 años, la Alemania nazi de Adolfo Hitler y la Unión Soviética dirigida por José Stalin, firmaron un pacto de no agresión que pasó a la historia como el Pacto Mólotov-Ribbentrop, en mención a sus firmantes, los correspondientes ministros de Asuntos Exteriores de ambos países. Trascurridas siete décadas, siguen los debates de este acontecimiento que influyó en el destino de muchos pueblos en la II Guerra Mundial. El director del Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de Rusia Alexandr Chubarian, desde 1988, investiga el Pacto Molotov-Ribbentropp, y actualmente en Rusia, es considerado uno de los expertos más autorizados en la historia de las relaciones ruso-germanas.
En la presente entrevista, concedida a RIA Novosti, el experto explica los antecedentes al pacto germano-soviético firmado hace 70 años, sus consecuencias, y la visión actual de los acontecimientos ocurridos en aquellos años.

¿Debe la Rusia contemporánea condenar el Pacto Molotov-Ribbentrop, o todavía tiene vigencia la fórmula expuesta en 1989 de que ese Pacto fue un acontecimiento normal para aquella época, aunque los "protocolos secretos" anexos al pacto fueron un acto amoral por parte de los firmantes?
En los últimos años, el interés de la opinión pública por los acontecimientos relacionados con el Pacto Molotov-Ribbentrop ha crecido considerablemente, y el tono de los debates cada vez adquiere formas categóricas e irreconciliables.
La intensidad y ardor de las disputas no se debe a la aparición de nuevos documentos sino a interpretaciones antagónicas de los hechos derivados de ese acontecimiento histórico.
La tensión que impera no se debe a discrepancias entre historiadores y expertos. La confrontación que observamos es el producto de convulsiones de orden ideológico y político promovidas en la sociedad.
La situación empeora por actitudes preconcebidas que predomina en países vecinos, en particular, impulsadas por políticos influyentes en las repúblicas Bálticas y Polonia. Este factor ha politizado al máximo un asunto que debería ser material de investigación exclusiva para los historiadores.
La transparencia siempre ha dado mejores resultados que negar lo que es evidente. En su tiempo, la postura de la Unión Soviética fue sensiblemente vulnerable porque las autoridades soviéticas con obstinación negaron la existencia de los protocolos secretos anexos al Pacto Molotov-Ribbentrop.
Pero el reconocimiento y publicación de esos protocolos, precisamente en tiempos de la URSS, hace 20 años, ha reforzado nuestra postura y es una prueba de que Rusia rompió definitivamente con la política del silencio para comprender su historia.

Y no obstante, entre los historiadores predomina el debate en cuanto a que el Pacto Molotov-Ribbentrop fue el detonante de la II Guerra Mundial que comenzó una semana después de su firma, el 23 de agosto de 1939. Como es bien sabido, el 1 de septiembre de 1939 las tropas alemanas invadieron Polonia seguros de que la URSS no ayudaría a los polacos. ¿Está usted de acuerdo con esta tesis?
No, no estoy de acuerdo. Conozco muy bien ese punto de vista, que entre otras cosas, se cita para argumentar la responsabilidad compartida que tiene la Alemania nazi y supuestamente la Unión Soviética en el inicio de la II Guerra Mundial.
Esa tesis quedó reflejada en una resolución aprobada por la Asamblea del Parlamento de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) ignorando acontecimientos evidentes que tuvieron lugar antes de que comenzara la guerra.
Hitler decidió invadir Polonia mucho antes de firmar el pacto de no agresión con la URSS, y en la primavera de 1939, ya había puesto en marcha los preparativos de la agresión, incluso fijó el 26 de agosto de 1939 como la fecha tentativa para el asalto, pero el ejercito alemán no pudo cumplir ese plazo y emprendió la invasión el 1 de septiembre.
Hay que destacar que el destino del Pacto germano-soviético-alemán firmado el 23 de agosto fue incierto hasta el último momento de su concertación. Esto quiere decir que, independientemente del resultado de sus negociaciones con la URSS, Hitler no tuvo ninguna duda en cuanto a sus planes de invadir Polonia.
Inglaterra y Francia brindaron garantías a Polonia precisamente por la misma razón, es decir, Londres y París sabían con seguridad que Alemania se preparaba para la guerra, y el viaje urgente que hizo el ministro Ribbentrop a Moscú fue por la misma causa, el diplomático alemán tenía que terminar ese asunto pendiente con los soviéticos antes de comenzar la invasión de Polonia.

Y no obstante, después de que Hitler invadió Polonia, Inglaterra y Francia declararon la guerra a Alemania, mientras que la URSS, no sólo permaneció al margen, sino que firmó con Alemania un tratado de amistad en septiembre de 1939.
¿Acaso no fue una muestra de apoyo al agresor?
Es indiscutible que los protocolos secretos anexos al Pacto Molotov-Ribbentrop, la firma del tratado de amistad en septiembre de 1939 y la resolución impuesta en la URSS entre 1939 y 1940 que prohibió criticar la doctrina nacional-socialista, fueron actos amorales que se merecen la condena que posteriormente se hizo tanto en Rusia y en el exterior.
Y a pesar de todo, los acontecimientos ocurridos en esos días no pueden explicarse únicamente bajo la óptica de que "Hitler decidió invadir a sus vecinos y Stalin se convirtió en su cómplice".
Soy partidario de que la investigación de la historia debe apoyarse en el estudio amplio de todos los factores implicados en los sucesos claves relacionados con las naciones y sus pueblos.
Ante el estudio de tal o cual fenómeno o acontecimiento, como el inicio de la II Guerra Mundial, es indispensable analizar todos los factores implicados y no limitarse a destacar uno o dos momentos o circunstancias por alguna razón cómodas o favorables.
El pacto Molotov-Ribbentrop fue un fenómeno político-diplomático muy complejo. Y para hacer una valoración objetiva, es necesario tener en cuenta los antecedentes históricos que determinaron muchos aspectos de este asunto.
Es por eso que nosotros desviamos nuestra atención a sucesos ocurridos en 1938. Y no porque queramos obligar a nuestros colegas occidentales recordar el Tratado de Munich.
Simplemente, si no se tiene en cuenta el factor que tuvo Munich, no es posible explicar las razones que obligaron a Stalin a firmar un pacto de no agresión con la Alemania nazi.
Hasta la firma del acuerdo de Munich, en Europa había un consenso muy sólido en cuanto a Hitler y su régimen. Todas las potencias europeas, Inglaterra, Francia y la URSS mantuvieron una actitud muy negativa ante el régimen nazi impuesto en Alemania en 1933.
La firma del acuerdo de Munich echó por tierra ese consenso. Desde el punto de vista moral, el acuerdo de Munich y el pacto Mólotov-Ribbentrop son muy parecidos el uno del otro, porque ambos documentos fueron suscritos de espaldas a aquellos pueblos cuyos destinos dependió de lo concertado en esos acuerdos.
En Munich, el 29 de septiembre de 1938, los representantes de Checoslovaquia estaban en una habitación contigua a la sala donde se reunieron los firmantes. Y sin consultar en absoluto su opinión, las partes (Inglaterra y Francia en un bando y Alemania e Italia por el otro) determinaron el destino de ese país.
A diferencia del Pacto Molotov-Ribbentrop, el tratado de Munich no trató sobre esferas de interés sino que directamente estableció la entrega a Alemania de parte de Checoslovaquia (una tercera parte de su territorio, el 40 por ciento de su industria y cerca de 5 millones de habitantes).
En esencia el tratado de Munich fue la repartición de un país soberano entre otros estados.
Y la URSS no estuvo en Munich. Stalin tenía mucha desconfianza a las democracias occidentales, más que el resto recelaba de Inglaterra y después de la firma del tratado de Munich, vio las intenciones de Londres de aislar a Moscú.

¿Y por qué de todas maneras, Stalin prefirió pactar con Hitler en lugar de los aliados occidentales? Sus oponentes afirman que Inglaterra, Francia y Polonia no pudieron aceptar las condiciones exigidas por Moscú de permitir el paso de las tropas soviéticas por sus territorios. Con los años, se pudo ver que Stalin después de entrar en el territorio de un país, muy pocas veces permitió a ese país actuar por su cuenta.
Recordemos las negociaciones británicas-franco-soviéticas que tuvieron lugar en Moscú en el verano de 1939. En esas negociaciones se habló de las posibilidades de ayudar a los países de Europa Oriental en el caso de una agresión por parte de Hitler.
Las garantías para las repúblicas bálticas se abordaron en junio de 1939, y en agosto transcurrieron conversaciones interminables sobre Polonia y Rumania. El 20 de agosto, los franceses informaron a los soviéticos que había logrado convencer al ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Józef Beck, y que Varsovia estaba dispuesta a permitir el paso de las tropas soviéticas por su territorio.
Pero por parte de Polonia no hubo ninguna declaración oficial. Y de esta manera, quedó sepultada definitivamente la cooperación entre Inglaterra y Francia con la URSS, antes de la firma del pacto Molotov-Ribbentrop.
En cuanto a si Stalin hubiese ocupado Polonia, Rumania u otro país por cuyo territorio pasaran las tropas soviéticas, previo acuerdo con los aliados occidentales, se trata de una hipótesis bastante discutible.
Hubo ejemplos de países a los que la URSS impuso su régimen político, pero también hubo países donde las tropas soviéticas entraron y salieron dejando que esos países se desarrollaran de la forma en que quisieron.
Me refiero a Irán, Austria, y Finlandia después de la Guerra a pesar de que un delegado soviético formó parte de la Comisión de Control de los Aliados. Y no obstante, todos esos países conservaron su autonomía.
Eso mismo pudo ocurrir con Polonia, si Francia Inglaterra le hubiesen proporcionado garantías fiables.

Es decir, sencillamente, ¿Hitler le propuso a Stalin una variante más ventajosa que Inglaterra y Francia?
En las conversaciones con Inglaterra y Francia el asunto sobre los territorios que posteriormente fueron incluidos en la zona de los intereses soviéticos se discutió únicamente desde el punto de vista del paso de las tropas soviéticas, en este caso, Hitler avanzó más y propuso dividir la zona de intereses.
Pero como quedo demostrado posteriormente, Hitler cumplió sus promesas durante un plazo muy corto. Ya en noviembre de 1940, cuando Mólotov viajó a Berlín y las relaciones entre la URSS y Alemania ya estaban deterioradas, Hitler le espetó al jefe de la diplomacia soviética. "¿Y quien le dijo a usted que tendrían el derecho de anexarse esos territorios? ¡Esto no se desprende del pacto! " dijo entonces Hitler.
Y esta es precisamente la gran lección que se desprende de los acontecimientos ocurridos entre 1938 y 1941 en Europa.
Cada vez que los países por separado intentan garantizar su propia seguridad a costa de otros, y de paso ignoran las amenazas que pueden ser comunes, la seguridad colectiva es la que sale perdiendo y junto con ella, la seguridad de cada uno de los países por separado.
Hasta el último momento de 1941, cuando estalló la guerra, todos los países de Europa intentaron pactar con Hitler. El líder nazi prometió todo a todos y después, también a todos los engañó.

A partir de su punto de vista, ¿considera usted que Alemania y la URSS no son los únicos responsables de la repartición de Polonia en septiembre de 1939?
Las potencias occidentales también tienen cierto grado de responsabilidad en esos acontecimientos. Cuando el 17 de septiembre las tropas soviéticas entraron en las regiones orientales de Polonia, en Inglaterra se oyeron voces sobre la necesidad de declarar la guerra a Alemania y de imponer sanciones contra la URSS.
Pero al final, el gobierno británico se limitó a dar garantías de seguridad a Polonia únicamente en sus fronteras orientales, y no adoptó ningún tipo de sanciones contra la URSS.
Al contrario, expresó satisfacción ante el hecho de que las tropas soviéticas se detuvieron en la denominada línea Kerson, es decir la línea que dividió a Polonia y la URSS después de la declaración de independencia de Polonia en noviembre de 1918.

¿De qué forma Inglaterra expresó satisfacción por la entrada de las tropas soviéticas a la parte oriental de Polonia?
En declaraciones del ministerio británico de Asuntos Exteriores, el Gabinete Militar e incluso el Parlamento de Inglaterra. Es más, no se emprendió ninguna campaña o acto de repudio contra la URSS. No hubo siquiera un disparo en 1939 para defender Polonia.
Tampoco se intentó la más mínima demostración de acciones de guerra para desviar la atención de las tropas alemanas de Polonia.
Con las repúblicas bálticas la situación fue similar, los países occidentales no reconocieron la anexión de las repúblicas bálticas a la URSS jurídicamente, pero aceptaron la anexión como hecho consumado. De esta manera, los países occidentales también son responsables por los acontecimientos que ocurrieron en ese entonces en Europa Oriental.
No sólo Stalin y Hitler practicaron la diplomacia secreta. Ya siendo primer ministro británico, tras la dimisión de Austen Chamberlain en el verano de 1940, Winston Churchill escribió una carta a Stalin en la que le propuso firmar un pacto secreto entre Inglaterra y la URSS. A cambio de la lealtad de la URSS a Inglaterra Churchill prometió a Stalin que nadie sabría sobre el pacto suscrito y que tras la victoria sobre Alemania, Inglaterra reconocería de hecho la pertenencia de las repúblicas bálticas a la URSS.

¿Esa carta, ha sido publicada? ¿Cómo respondió Stalin a la propuesta?
Esa carta se conserva en el archivo del ministerio de Asuntos Exteriores de la URSS, copia de esa carta se encuentra en los archivos británicos, y yo la publiqué en mi libro. Según testimonios hablados, después de leer la carta, Stalin sonrió maliciosamente y dijo: "Este promete que reconocerá después de la guerra todo lo que todos reconocerán de hecho". Por lo visto, a Churchill le interesó muy poco el destino de las repúblicas bálticas.

Pero Churchill únicamente se tuvo que "tragar" la anexión de las bálticas, mientras que Stalin organizó y dirigió esa anexión. Resulta entonces, que de todas maneras, la mayor responsabilidad de todo recae sobre Rusia.
De todas maneras, la responsabilidad recae sobre la URSS y no sobre Rusia.
Aplicar el principio de que Rusia es el principal heredero de la URSS, para resolver asuntos de responsabilidad histórica, es una empresa arriesgada y demasiado compleja.
Vale la pena recordar el hecho de que un grupo muy limitado de personas por el lado soviético tuvieron relación directa con el proceso final para la preparación del documento. Stalin, Molotov y Voroshilov, que condujo las negociaciones con los franceses y los británicos. Incluso el futuro dirigente soviético Nikita Jrushev, que en ese tiempo ya era miembro del Buró Político del Partido Comunista de la URSS, supo sobre el pacto únicamente en la noche del 23 de agosto después de que fue suscrito.
Actualmente, políticos de Polonia y las repúblicas bálticas intentan que este asunto sea discutido por organizaciones internacionales, y algunas entidades del poder como por ejemplo el parlamento de Lituania ha exigido a la Rusia contemporánea el pago de compensaciones por el "periodo de ocupación".
¿Qué se pude hacer en este caso? Si la actitud de los oponentes no fuera radical, posiblemente la reacción de Rusia hubiera sido más moderada. Hay que tener en cuenta de que se trata de una historia que pasó hace muchos años y su estudio debe tener un carácter más teórico que práctico.

¿Cómo se puede pedir cuenta a la generación actual sobre los actos de Stalin y sus colaboradores sobre los cuales los ciudadanos de la URSS no tuvieron información?
Y no es posible equiparar el estalinismo con el nazismo al menos porque el sistema soviético demostró la capacidad de que pudo cambiar su esencia: los protocolos secretos del pacto Molotov-Ribbentrop fueron publicados en tiempos del presidente soviético Mijail Gorbachov, el carácter criminal de esos protocolos fue reconocido y condenado cuando todavía existía la Unión Soviética.
En cambio, el régimen hitleriano nunca demostró su capacidad de transformarse. El régimen nazi siempre estuvo relacionado con la práctica abierta del genocidio de otros pueblos. El estalinismo ideológicamente no se basó en el genocidio, su esencia siembre la ocultó tras consignas propagandísticas y populistas y el pueblo soviético fue su víctima principal.
Entrevistó Dmitri Babich

Rusia y Mongolia rechazan falsificaciones históricas de la Segunda Guerra Mundial
Ulán Bator, 26 de agosto.
El presidente ruso, Dmitri Medvédev, declaró hoy que Rusia y Mongolia rechazarán con resolución cualesquiera falsificaciones históricas de la Segunda Guerra Mundial.
"Considero inadmisibles las falsificaciones y declaraciones que tergiversan la esencia de esa victoria", dijo Medvédev en un acto conmemorativo del 70º aniversario de la victoria conjunta de los dos países en la batalla de Jaljin Gol, celebrado este miércoles en Ulán Bator, capital de Mongolia.
Por su parte, el presidente mongol, Tsakhiagiin Elbegdorj, destacó que "precisamente la victoria de la URSS en aquella guerra ofreció a Mongolia la oportunidad de robustecer y defender su soberanía e independencia".
Al agradecer a los veteranos de la batalla de Jaljin Gol por los actos de heroísmo y valor, Medvédev destacó que la derrota del Ejército japonés "significó importantes cambios" en el escenario geopolítico e "hizo a Japón desistir de los planes de entrar en la guerra contra la Unión Soviética del lado de Alemania nazi".
En agosto de 1939, pocas semanas antes de que Hitler invadiera Polonia, la URSS y Japón libraron la mayor batalla de tanques jamás vista hasta entonces. En el plano estratégico esta batalla resultó trascendental, porque, tras una aplastante victoria soviética, Japón decidiría expandirse hacia el Pacífico (Indochina francesa -Vietnam, Laos Cambodja- y la Birmania británica), al ver un adversario más débil en Estados Unidos, y la Unión Soviética podría concentrar todas sus tropas contra la Alemania nazi. 
La batalla de Jaljin Gol fue una de las batallas más decisivas del siglo XX, pues definió el curso que seguiría la Segunda Guerra Mundial.



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