La Casa Europa

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¿Guerras civiles?

El Centro para estudios avanzados de Europa, ubicado en Francia, ha puesto los pelos de punta al personal con su último informe, resumido por la prensa en una pregunta de miedo: ¿Guerras civiles?

Según palabras de su presidente, en debate con un profesor de Harvard y dos catedráticos franceses, y siguiendo el desarrollo y medidas contra la crisis que se vienen sucediendo -muy inútilmente por no atacar la raiz del problema-, antes del verano el sistema económico financiero mundial se hundirá en el caos absoluto.
Según sus previsiones la moneda dejará de ser medida de cambio, los precios de los alimentos y las necesidades más básicas se dispararán y, lo que comenzarán siendo revueltas urbanas en las megaciudades acabará extendiéndose en un proceso general de revueltas civiles de gran magnitud, auténticas guerras civiles.

En el desarrollo del debate, el más joven -e izquierdista- de los profesores argumentaba que el estudio no tenía en cuenta "el factor humano", la solidaridad y la fraternidad de las comunidades, desde los barrios hasta los estados, para evitar con una política social conveniente el desarrollo de tan temible panorama.

Pero lo más espeluznante -ése es el sentimiento que tuvimos al contemplarlo- es que el planteamiento mayoritario de los intervinientes -que el moderador intentaba suavizar sin éxito- era de una aceptación pesimista y resignada de los resultados del estudio. Ni aspavientos ni calma, miedo contenido.
Por ejemplo, en los comentarios con el profesor de Harvard (cuyos magníficos gurús nos han llevado hasta aquí), reconocía que en USA el problema era mayor "por la abundancia de Kalashnikov entre la población" (sic), cosa que, por suerte para Europa -según ellos- haría más difícil el retorno al pistolerismo.
A mí me vino a la cabeza nuestro exministro fusilero, con los jueces mosqueteros y los millones de escopetas de dos cañones que abundan en el coto de caza borbónico, y no me tranquilicé nada.

Tras 24 horas del debate la gran banca española se dejó casi el 10% el lunes, y ¡más del 4% el Dow Llons! (en català sona millor!).
Los tipos que Tri(n)chet decía inamovibles ayer (como el Rato que Trina honoris causa de poca vergüenza y mucha sisa) están a punto de alcanzar mínimos históricos hoy, aunque ello no redunde para nada en las cuentas que los bancos se inventan para seguir robando a los clientes impunemente, manteniendo un entramado de comisiones y modificaciones unilaterales de contratos, e inventando nuevos baremos, aparte del Euríbor, para retrasar las rebajas a sus índices hipotecarios o de créditos al consumo.
Y éso mientras el dinero público sirve para cubrir sus vergüenzas sin que a cambio la sociedad, que les ha sufrido y sufre, reciba compensación, seguridad, ventaja ni siquiera garantía alguna, ante la lesa impunidad de los ladrones, ante una injusticia crónica, perennemente enfocada la judicatura en su propio ombligo, en sus propias prebendas, en su propia ganancia... Como Narciso en la fuente.

Hay quien, como el joven profesor universitario francés, espera de las gentes, de los pueblos, de las naciones: la solidaridad, la fraternidad, el amor necesario para que la humanidad no recurra, otra vez, al malthusianismo capitalista, a la eliminación de masas inmensas en medio del horror, para sobrevivir una vez más, los poderosos intocables e inaccesibles, a la historia de sangre que les place y conviene.
Una política, el imperialismo capitalista -o control del capital, la tierra y la fuerza por una élite hereditaria de jerarquía piramidal-, que inició, históricamente documentado, Sargón de Akkad, hacia el 2.150 ane, dando el primer golpe de estado, y sometiendo a la fuerza de las armas una sociedad hasta entonces basada en el equilibrio del clan, la justicia de los abuel@s, la solidaridad fraternal de la familia y la tribu, las armas de cada quien contra el enemigo común...

Ni el capitalismo es cosa de hace 300 años -en ninguna de sus formas, ni menos la "globalización" tan nueva como la sopa de ajo-; ni las mil comunidades que han vivido bajo modelos socialistas o comunistas -y han sido muchísimas más de las que los cronistas reales a sueldo siquiera conocen y esconden- han desaparecido por problemas endógenos sino por agresiones exógenas, en guerra desigual contra los terratenientes, reyes y latifundistas desposeídos de sus privilegios. ¿Qué es si no el período helenístico hasta Alejandro, César y Augusto?: Una guerra mundial, entre aristocracias terratenientes y comerciales monopolistas contra los partidarios de la igualdad de derechos, la común ciudadanía e igualdad de deberes y oportunidades, incluida la fundamental isotemía o igualdad jurídica de los ciudadanos ante la ley, tan inexistente en este 4º espaciotiempo.
Hay quien, en su caparazón de egoísmo indecente y criminal, prefiere el caos a la igualdad; la muerte (de los otros, claro) a la competencia; el clientelismo, enchufismo, el nepotismo y la corrupción a las oposiciones libres; el dogmatismo irracional y fanático a la educación científica y democrática de las sociedades; el crimen como medio a la sujeción y eliminación de las mafias y las sectas que las alimentan: ¡Antes rotos que rojos!
Están ahí, aquí, por todas partes, dispuestos a pagar lo que sea para seguir siendo todo lo que no son: personas. Ejercen, tal los hombres del traje gris de Momo (M. Ende), como ladrones de vidas, depredadores de alientos, carniceros de sueños, carroñeros del sudor, sanguijuelas de la libertad y la sangre ajenas...
La lista es enorme, para cualquiera que mire la tele y sepa distinguir el azul del rojo, daltónicos e inermes católicos aparte.

El gobierno del corral sólo está por conseguir cacarear en castellano en Ajuria Enea, al precio más ruín y con el apoyo más insultante para sus propios votantes, si es menester, que lo es: doce sin piedad y la Díez, sin moral...
Tras ver los resultados de las elecciones, dudo mucho que el joven profesor halle aquí la humanidad y bondad suficiente para contrarrestar -tal como va el patio- la desesperación creciente por doquier.
En este corral ha primado siempre la supervivencia ante ningún escrúpulo, según el modelo real que Confucio decía debía ser y que es, y la intelectualidad: o está amordazada o trabajando en el extranjero, como es normal. Nada aparece en el horizonte más que el sol. El dinero robado sigue en sus bolsillos y sus paraísos, dispuesto a comprar, ahora muy baratos, los cadáveres de quienes creyeron sus promesas. Impunes y más ricos. Sin nadie que les frene.
¿Nos queda, pues, la primavera?

Ama nesciri!



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