La Casa Europa

La Casa Europa

Quien quebró los vasos, pague su precio

(Fractor vasorum precium persolvat eorum, aforismo medieval).

Reunió Montilla a los amos del país y expuso su gran solución: que el hambre de los miserables sacie la codicia ilimitada de los poderosos. Que el trabajo esclavo de los desposeídos desenfangue el atasco de la carroza de Baco.
Que Montilla no es hombre de grandes luces era evidente pero se esperaba de un gobierno de izquierdas que fuera capaz de analizar la realidad y aplicar soluciones justas. Ahora está claro que ni él ni Zapatero están dispuestos a poner las reglas de la estafa en cuestión. Los estafadores y los corruptos seguirán el modelo clásico del cardenal Caraffa: "El pueblo quiere ser engañado, pues engañémosle".
Pide Montilla reformas laborales y congelación de sueldos de funcionarios, pero no habla de los politicos, porque él vive con un sueldo de doctor en Suiza mientras que sin el enchufe sumiso estaría en el paro, como la mayor parte de chupópteros que pueblan ayuntamientos e "instituciones" públicas, agarrados con uñas y dientes a un sueldo inmerecido mientras mantienen los sueldos de los niveles inferiores del funcionariado a años luz de sus equivalentes europeos.
De conciencia inexistente, olvidaron las congelaciones del corrupto González, para entrar en la gran estafa y blanqueo de pesetas en euros por sus amigos, que nos iba a convertir en los más pobres de Europa, mientras ellos ascendían a los más elevados niveles de latrocinio jamás soñados por sus papás. Luego vino la piara aznarista y se pasó los acuerdos con los sindicatos por el bolsillo, sin que a Hidalgos bien nutridos ni socialistas de banquillo les cayera la cara de vergüenza. Pesa más el bolsillo que la decencia, al parecer.
Espana es, según Zape, la nona potencia económica, pero en todos sus índices sociales, desde educación a sanidad pasando por salarios, existen dos mundos ajenos, una sociedad quebrada y cada día más distante: arriba, la impunidad criminal; abajo, la arbitrariedad indefensa.
Y esta quiebra se extiende ráuda como sobre un cristal dividiendo la sociedad, separándola, incomunicándola, tiñéndola de odio.
Mientras Montilla y amigos quiebran vasos con sus brindis de cava, sus beneficios y su fraude fiscal, sostenidos y pagados por las nóminas paupérrimas de los sometidos, auguran nuevas cuaresmas, nuevas renuncias y ayunos a los que nunca engordaron, y olvidaron soñar para no llorar al alba.
Y, para que no olvidemos quien manda aquí, en TV3 pasan la historia (inventada por los genocidas sionistas) de los judíos, el rabino Culla programa una versión cachonda de la batalla de Yom Kippur y en BTV pasan el violinista en el tejado. De cuento en cuento y haciendo las cuentas.
Hay quien tuvo el morro de hablar de la manera de hacer política en Catalunya como algo ejemplar, y desde luego es ejemplo de estupidez supina la de una población pasmada e inerme ante la injusticia, el nepotismo y la corrupción como norma de vida, desde quien se gastó la Banca Catalana para pagar sobornos y comprar activos tóxicos (Montigalá, de los hermanos Martín Villa, comprada por Pujol con la pasta de Banca Catalana), hasta quien especula con suelo y dinero público en las ciudades más densas de Europa, levantando rascacielos donde no hay ni plazas sanitarias ni escuelas públicas para la actual población siquiera. ¡Y se hacen llamar socialistas! ¡Y cristianos!
Si tuvieran coherencia cambiarían las siglas PP, PSOE, CiU.... por las de U.H.P., que orientaría mejor a sus votantes.


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