La Casa Europa

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Kramer contra Kramer: divorcio u odio

El punto más débil del gobierno tripartito es la coalición ICV-EUiA: es el talón de Aquiles por donde más cómodo resulta a la derechona dar patadas y zancadillas. La misma derechona que colocó y ordenó a su gusto la actual policía catalana, los famosos gossos de Tura. 
En un país donde los gossos d'atura son más amados que los concejales y cuyas razas tradicionales, como el magnífico grifón, son ejemplo de inteligencia y buen rollo, éso es todo un halago, aunque suene raro. Si Lorca llamó lagartos a los beneméritos tampoco hay que hacerse el cursi... que tampoco son maestras de parvulario.
Esta policía se nutrió de fuentes diversas, entre otras la incorporación de las antiguas policías estatales, previa "normalización lingüística" tipo: "Si, gràcies".
Y, mientras unos ayudan a estudiantes a bajar de la verja, otros aprovechan para machacarlos en flagrante contradictio opositorum, que diría  don Mircea.
Pero, cuando el profe Delgado dice que le recuerda los tiempos grises acierta de lleno en el principio del delito: ¿Porqué entró la policía en un recinto "sagrado" de la libertad de ideas?
¿Quién es la única persona con derecho a decidir semejante tropelía? ¿Quién coño encendió la mecha del cartucho pidiendo algo que sólo podía desarrollarse tal como fué?
En el comunicado de EUiA, para consuelo moral de militantes y simpatizantes, se explica en el segundo punto (ver bloc EUiA Gramanet o Jordi Miralles): el Señor Rector que, por la pinta, las palabras y, especialmente, los hechos, ni es de izquierdas ni transformador, como no sea para aplicar corrientes y lobotomizar bollos boloñeses. 
Cuando se obliga a enfrentar el límite de la ley con la vindicación legítima el resultado es el mismo que cuando se chocan pedernal y pirita. El que la chispa prenda más o menos depende del combustible. 
El combustible joven ha aprendido deprisa, conflicto a conflicto, que hay diversas maneras de enfrentarse a la "fuerza del orden". Cualquiera con años recuerda los tirachinas de seat, cargados con tuerca y tornillo, y sus efectos disuasorios frente a las cargas. Ahora en seat se bajan los pantalones a la altura de moda, pero en Alemania se ríen, les llaman nenazas, y les dicen que los polacos -pese al frío- se los bajan más abajo: aprenden de monaguillos.
Pero hay quien, tras una inmerecida tunda, se rebota y la devuelve.
Cuando menda tenía 8 añitos, en la Academia y colegio badalonés, Can Coscollano, me dieron con la vara en la mano dentro de una masacre general, sin haber mamado de la trifulca al menos. Esperé a que acabara la clase, cogí la silla de la tirana, la puse sobre su mesa, me subí a la torre, cogí la vara de encima del armario, la agarré con las dos manos y la rompí contra la pata derecha, la tiré a la papelera y piré. Hoy me confieso. Fuí yo. Compraron otra, pero se guardó de probar mi ADN. En los maristas rompí otra, de caoba, del hermano Gaudencio que, además de invertido, era gilipollas. Le dije que se la rompía de un golpe y no me creyó. Casi llora cuando la oyó crujir. No era de avellano, como la del tío de la vara y los druidas, que ésos sí que saben hacerla crujir.
Cuando Saura y compaña aceptaron la consellería mucha gente se puso las manos en la cabeza, pero no por las mismas razones. Que hacía falta poner orden en el cuerpo lo hizo evidente el gasto en cámaras, de quien nadie con cerebro habrá de quejarse, y menos el fabricante.
Y la enorme cantidad de material grabado por los reporteros apaleados el 18 habrá de hacer más fácil la identificación de ésos grises mezclados con los azules: que paguen con pena la alegría y el gustazo de machacar gratuitamente.
Porque detener la tocinera, dar marcha atrás, bajar cuatro fascistas y aporrear a un viejo que les apellida a gritos, viendo a los heridos tirados por el suelo, no es tolerable por nadie, y menos precisamente por este gobierno.
Ahora hay dos ejes que mueven las estrategias europeas: el conflicto económico y las elecciones. Y ambas están en íntima dependencia. Los gobiernos de derechas se resisten a tomar ciertas medidas ante la respuesta de la calle pero, sobre todo, por la inmediatez de un examen que puede -o no- dejar Europa en manos de los "populares", con Barroso al frente (con el aplauso de los "socialistas" Zapa y Brown), el último mono de las Azores. Y darnos por el tratado de Lisboa hasta que nos guste.
Y está además la financiación con Solbes el tacaño, y Zapa, que invita a cenar mientras los catalanes paguen.  Y los paraísos avícolas españoles piando por la parte de la tajada catalana a repartir entre sus caciques y señoritos, para que el kul-kul-kulan de nazarenos pueda pedir a dios por seguir chupando del bote, y no vengan la reforma agraria ni el aborto, pa que se joda la hija del jornalero violada por el aborto del señorito. La hija del señorito a Londres, como siempre, para que nadie se entere. Como dios y el opus mandan.
Ahora el paréntesis es obligatorio. No es inteligente, ni razonable, por decencia y coherencia, romper el tripartito por culpa de una provocación de los hijos de Bolonia y CiU, los mismos que han llevado a la escuela pública a los 30 alumnos por aula y estuvieron 25 años sin construir una puñetera escuela pública, pero enchufando a sus amig@s sin oposición. 
A lo hecho, pecho. Aunque duela.
Si se rompe habrá de ser por consenso de los socios, en un proceso autocrítico de -si no cabe solución- convocatoria anticipada de elecciones. No es de recibo el tirarse los platos sucios, ni empezar a recriminarse las ladillas, cuando la caja está vacía y la derecha tiene los ojos puestos en la caja de los servicios sociales, en la privatización de la sanidad, en la precarización absoluta de la clase trabajadora a través de la infame directiva Bolskestein.
Nos jugamos tanto en las próximas europeas que las espadas están en alto pero sin atreverse a mover pieza, dejando los meses pasar como lentas gotas de una clepsidra malaya. 
 Mejor un divorcio civilizado que otra jodida noticia de víctima y verdugo. Mejor no llegar a perderse el respeto. Mejor condón que aborto, y mejor aborto que un bastardo hijo de puta y cardenal educando monaguillos, como el ejemplar clerigallo arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo de Acuña, que no tenía nunca bastante con sus señoras "legítimas". ¡Coño con la milenaria iglesia y sus moralinas  de putero!
Lo último, darle munición al enemigo. 



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