La Casa Europa

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Un cauce para unir las sendas bifurcadas

En el cinturón rojo barcelonés, Gramenet y Badalona fueron, tras las primeras elecciones municipales, ciudades con alcaldes y mayoría comunista, donde el PSUC era marcadamente hegemónico.

En la primera, se puso de alcalde a un cura "rojo", para pasmo de aquellos que consideramos ambas cosas esencialmente contradictorias, pertenecer a una jerarquía piramidal, inapelable y sectaria, y formar parte de un partido donde cada persona es un voto y las decisiones se toman por mayorías.

En Badalona, Marius Díaz ofreció, pese a tener la mayoría absoluta, un cogobierno al PSC. En las siguientes elecciones, tras el desmembramiento del PSUC y expulsión de los comunistas, el PSC pactó con CiU y apartó a los desmembrados -ICV, PCC, PSUC viu y PCPE- definitivamente de sus alianzas, hasta ser necesarios aquellos tripartitos en que el PSC continuaba haciendo básicamente lo que le daba la gana.

La hecatombe vergonzosa del mal gobierno ha llevado a aquel cinturón rojo a estar en manos hoy del PP en Badalona -la 18ª ciudad del Estado en población-, con su alcalde racista Javier García-Albiol, al frente y con el apoyo de aquella CiU con la que el PSC ha venido gobernando descaradamente con políticas de la derecha más "liberal", como en Madrid con el PP, CC, el PNV... Hasta apoyando hogaño Nadal a Artur Mas -o Zapatero y Rajoy-, mientras siguen haciendo teatro cara a la galería

En Gramenet -como en Valencia el PP- el que el PSC haya sido imputado, con su alcalde y socios de CiU del viejo aparato pujolista, en el escándalo Pretoria, no ha sido un freno para que siguiera manteniendo su mayoría, merced al voto cautivo de intereses, asalariados y contratos generados durante la larga etapa de sociedad común entre esa amplia derecha que algunos aún tienen la desvergüenza de calificar de izquierdas, centro y otras geometrías inexplicables.

Y en esa decadencia hay personas responsables, no sólo entre esa derecha inmoral o esa izquierda de pegatina con capullo en puño y los bolsillos llenos. Gente que, en situaciones tan o más graves que las actuales -la crisis de los 90 tras el globo olímpico fue para los mismos de ahora un infierno ya conocido y el derecho a la vivienda nunca ha sido más que el sometimiento a un expolio y un robo-, no sólo se negaron a unirse sino que segregaron.

Erraron sus análisis y estrategias -tanto aquí como en Kosovo o Libia-, confundieron e irritaron al electorado de izquierdas hasta dejarle el único consuelo -en cada vez más número- de la abstención o el voto en blanco, como gato panza arriba acosado por toda clase de perros de jauría.

Hoy, los mismos conscientes de lo que nos viene encima de siempre, comunistas en su mayoría y muchos con más de medio siglo de lucha a las espaldas, vuelven a clamar a la ciudadanía consciente a una alianza de izquierdas, a un frente popular contra la deriva hacia el fascismo puro y duro que el frente neocón y empresarial PP-PSOE y aliados periféricos financieros preparan y ya ejecutan, aún con un parlamento en deceso clínico y feria electoral.

Pero todos los viejos con memoria se acuerdan de aquellas alianzas que nos llevaron a este campo de batalla, gracias a una legislación progresivamente más y más restrictiva y antidemocrática, sumada al control total de los medios por la derecha empresarial y a las dificultades inherentes a la izquierda de falta de capital y una indisimulable desmovilización y desánimo entre militantes y/o simpatizantes.

El programa, madre de esa alianza, ya está hecho. Las protestas de esos indignados mayoritariamente muy desinformados, repetían como letanías, una y otra vez, demandas que I.U. o EUiA -o aquel querido Labordeta- vienen reclamando por activa -mediante sus diputados en Congreso y Parlament o sus alcaldías y concejalías- como por pasiva, en programas de una densidad y amplitud rotundas, tanto en los análisis como en las soluciones.

Si hubiera aquello que llamamos autocrítica, prudencia, humildad, responsabilidad y, para quien lo entienda mejor así, "examen de conciencia", los que erraron debieran ceder ante quienes acertaron. Aquellos que buscaron cauces "nuevos" y acabaron en el cauce caótico de la derecha, arrasando inconsciente o premeditadamente años de luchas y vindicaciones que consiguieron unas mínimas coberturas sanitarias, educativas y laborales que hoy han sido borradas de un plumazo, son quienes debieran regresar al cauce de los que avisaron, acertaron y claman porque se imponga el sentido común y prevalezcan políticas para y por las mayorías, y se acabe con la dictadura de una burguesía avara, inmoral e inepta.

Todos aquellos que deseen el gran abrazo, deberán antes despojarse de aquello que pueda hacerlo fracasar antes de que las manos siquiera se hayan extendido, sean las visibles espadas o las dagas ocultas. Y no firmar para romper el acuerdo -o desvirtuarlo- después por intereses mezquinos y espúreos.

A nadie se le escapa que una lista -o una cabeza- de gente prestigiosa, más allá de afiliaciones concretas, podría facilitar ese acuerdo. Pero no parece que quienes sólo tienen por ideología a sí mismos y su status quo hayan de ser capaces de un sacrificio.

Y ese es el peligro y la causa de que estemos hoy aquí. Entre volver a repetir los errores del pasado o enrocarse en taifas ideológicas y resignarse a clamar desde una oposición silenciada o clandestina anda la partida.

La generosidad, las buenas intenciones y el objetivo común han de mover las voluntades de líderes, militantes y la clase trabajadora votante en general. Sólo nos queda cruzar los dedos y esperar que el abrazo se consume.

Si no se consigue, si ganan ellos, les digo sinceramente que estoy seguro de que nos esperan los años más sombríos y grises desde que la tv pasó a ser en color. Como en "La rendición de Breda": Un falso abrazo delante y una Breda -España- saqueada al fondo por los mismos que ya nos saquean desde entonces.

Como vaticinaba Umberto Ecco, hace ya 30 años: La Nueva Edad Media.


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