La Casa Europa

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2 idiotas y un majadero

Dos ejemplos paradigmáticos de idiotez se expresaron ayer para jolgorio de unos y vergüenza ajena de otros: el embajador israelí en Madriz y Rajoy el delirante.
El primero, autista y amoral, se queja de la "doble moral de los manifestantes por Palestina", que no salieron a la calle a protestar porque Hamás se defiende de la invasión sionista, en vez de dejarse matar con alegría. Valdría la pena que les preguntara a los heróicos defensores hebreos del guetto de Varsovia por qué extraña razón no hicieron lo mismo con los nazis que ahora inspiran a Azrael (el ángel de la muerte) y no se dirigieron cantando salmos al matadero, felices por reunirse con el Señor de los Ejércitos (Yavé Sabaoth).

El segundo: Rajoy. El títere del mocho teñido que desayuna Ribera del Duero y se acuesta con la petaca hecha, afirma que no quiere a los abertzales en las elecciones vascas. También podría haber dicho que tampoco quiere a los comunistas catalanes, vascos o gallegos, ni a los socialistas, ni siquiera descafeinados, o a los nacionalistas. De hecho, lo que ellos querrían es gobernar como los papás y abuelitos, con la oposición en Burgos, o aún mejor en la cuneta, al estilo del idiota anterior.

Y un majadero crónico: Arenas el fracasado, la sombra pálida de Chaves, virrey de Andalucía, que se ofende porque la Nebrera se ríe de como chapurrean l@s señorit@s andaluces, que tan de moda puso el demagogo González, y que él llama hablar "andaluz".
Mira payo, éso que teleras no es un idioma, ni un dialecto, no tiene reglas, sintaxis ni diccionario y se llama, en castellano, hablar mal y ser un ignorante. Te puedo presentar a miles de andaluces, familiares y extraños, que jamás se comieron letras, sílabas ni palabras enteras, pretendiendo además que el de delante les entienda aunque ni ellos sepan lo que dicen, y con el orgullo herido de ser un cretino mequetrefe cortijero.
Te recomiendo, de Juan Ramón Jiménez, Platero y yo, concretamente, para que recuerdes la infancia y para que disfrutes con las reglas que el gran poeta quiso imponer para que los andaluces, al menos, escribieran de manera inteligible y aprendieran a leer.
Podrías empezar por la Educación para la Ciudadanía y matar dos pájaros de un tiro: aprender a hablar y a ser persona, ¡ozú!


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